JOSÉ ÁNGEL GALINDO MONTENEGRO

No deben faltar en una noche de bohemia, las bellas interpretaciones de un romántico de siempre, el incomprendido Víctor Iturbe, mejor conocido como el Pirulí. Sus exitosas actuaciones allá en el bello y poco promocionado Puerto Vallarta, Jalisco, le abrieron las puertas de importantes centros de espectáculos del Distrito Federal.

Le conocí precisamente en uno de ellos, el Señorial, enclavado en pleno corazón de la Zona Rosa. Lo que comenzaba como una noche tranquila y serena, este cantante la volvía con su personal estilo, algo mágico, soñador. Su éxito en este  centro de espectáculos  le  valió un contrato para  hacer una serie de  presentaciones en Siempre en  Domingo.

Y con ese apoyo que recibió de don Raúl Velasco, comenzó a escalar alturas insospechadas en camino para lograr a ser uno de  los  mejores. Y vaya que  lo logró, el Pirulí tuvo canciones de esas inolvidables: Verónica (el amor imposible del cantante); te pido y te ruego; Yo lo comprendo, y una que en lo personal es mi favorita, Señora.

Le recuerdo con cariño, porque a  pesar  de que  hubo momentos en los que  perdió el piso, los últimos años de su vida, dieron un giro impresionante y solo los dedicó a su carrera y a su familia, a quienes amaba sobre todas las cosas. Tuve la oportunidad de estar en su último show, en dónde comentó a su público, que buscaría la internacionalización.

Basta recordar que una de sus peores experiencias, fue su llegada a España, dónde tuvo un fracaso total. Porque siendo una estrella en México, en la llamada madre patria, no le conocían. Por lo que su pretendida campaña solo le trajo amarguras y resentimientos, lo único que recuerdan los españoles era su apodo el Pirulí.

Aquí en  México es un dulce en forma de pino de colores y sabores diferentes, en España es otra cosa (sí lo que usted se imagina) y eso le trajo un buen de críticas por parte de la prensa europea. Regresó abatido, llorando y lamentando el trato recibido por parte de  nuestros hermanos y conquistadores.

Su frustración duró un buen tiempo, hasta que reapareció en un programa nocturno de la bella Verónica Castro y amigos, de ahí ya nadie pudo detener su tremendo éxito. Sus canciones en primerísimos lugares de popularidad. Sus centros de trabajo mejoraron,   teniendo grandes temporadas en el Quorum del hotel Fiesta Americana.

Radio, cine y televisión no le faltaron. Sus presentaciones, con llenos a reventar, lugar de la República, centro y sudamérica y parte de Estados Unidos lo vieron triunfar en grande. Le llamaron de España y mejor no les comento su reacción, Víctor ya era  una  estrella muy especial en el firmamento musical.

Es en la noche de un  domingo 29 de noviembre, cuándo, presuntamente, tocan  a su puerta y al abrirla, solo alcanzó a gritar ¡No…..! cayendo abatido por las balas de un criminal que hasta la fecha no se sabe quién fue ni el porque de su homicidio. Un caso no investigado en forma adecuada. Ahí quedó, para el archivo y el recuerdo.

Escribí esto recordando, a un buen hombre, mexicano comprometido, que lo asesinaron estando en la  cima de su carrera. Muchos de ustedes lo conocen y han escuchado. Estilo muy personal, bella voz y unos temas de esos que llegaron para quedarse. Si le gusta la buena música romántica, no deje de escucharlo, la bohemia llegará a su casa como una  invitada más.