JOSÉ ÁNGEL GALINDO MONTENEGRO

No soy apasionado del boxeo; sin embargo,  tuve la oportunidad de conocer y convivir con algunos campeones mexicanos de este deporte. Recuerdo a José Becerra, cuándo viviendo en la San Miguel Chapultepec, fue invitado por el presidente en turno a Los Pinos; al zurdo de oro Vicente Saldívar, campeón mundial pluma y esposo de la vedette Malú Reyes.

A un boxeador, todo corazón de Guadalajara, Efrén “El Alacrán” Torres, al famoso Rubén Olivares conocido internacionalmente como el “Púas”. Al recordado Carlos Zárate, y muchos más que no acabaríamos con esas glorias del boxeo mexicano.

¿Por qué inicié así mi artículo? Por una sencilla razón, don José Sulaimán admiraba a todos y cada uno de los arriba mencionados  por todas las alegrías que le dieron al país. Este tamaulipeco, desde muy joven traía el gusanito del box. Lo practicó un tiempo hasta que un día, nos comentó: “me rompieron la….quijada” y tuve que retirarme.

Sin embargo, no se alejó del todo, fue:  entrenador, referí y en algún tiempo promotor de este rudo deporte. Don José, hombre alegre, culto y con un gran corazón. Tenía en mente apoyar a los hombres que practicaban este deporte. Se preparó y viajó por todo el mundo, era una persona solvente y eso le permitía estar en las grandes peleas de cualquier  parte del mundo.

En diciembre de 1975, es nombrado presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), lugar en el que permaneció hasta antes de perder su última pelea. Era común verle caminar tranquilamente por la Zona Rosa. En varias ocasiones lo vimos desayunando,comiendo e incluso cenando en restaurantes de Insurgentes.

Hombre culto que se vio envuelto en polémicas porque apoyaba a boxeadores consagrados que lo invitaban a sus peleas con todos los gastos pagados. En lo personal, este personaje no tenía necesidad de eso, ya que por más de tres décadas, tuvo un alto nivel dentro Consejo, lo que le permitía costear los viajes y más.

Tenía labia y por lo tanto convencía. Sus decisiones difícilmente eran discutidas. Boxeadores, mundialmente conocidos aceptaban el retiro, después de que  don José se los sugería. Hoy este mexicano de origen libanés, perdió la batalla final, allá en Los Ángeles  California, dónde se recuperaba de una intervención quirúrgica.

Lo recuerdo por varias situaciones: la  primera, verle llorar cuándo se enteró de la muerte del campeón Salvador Sánchez y una menos emotiva pero que también no deja de ser importante, los constantes “regaños” hacía los boxeadores que por alguna razón caían en las garras del alcoholismo. Gran hombre sin lugar a dudas.

Don José, seguramente seguirá administrando el boxeo, en cualquier parte dónde se encuentre y su recuerdo en este  deporte, será inolvidable.