LUIS GABRIEL G. RODRÍGUEZ

 

Es una tarde común y corriente en el jardín interno de la Biblioteca Central de la UNAM. Muevo una banca de metal y la situó muy cerca del quicio de un prado rodeado de piedras, con forma rectangular que divide el sitio y las paredes del mismo.

Súbitamente se oye el canto de los pájaros que habitan en algunos árboles de ramas alargadas que sirven como enredaderas a las paredes de roca volcánica que bordean el perímetro del área central.

De repente, salen a escena dos pájaros de color gris cafetucho y uno persigue y picotea de forma persistente a otro. Está prácticamente encima del otro. Los dos mueven sus alas como si quisieran destrabarse, se zafan y de nuevo comienza la persecución de uno hacia otro (a) hasta que lo alcanza.

Parece que él o la pajarita que es perseguida, es rebasada de forma consensuada. No corren tan rápido pero el jaloneo y embate del perseguidor es incesante. El ave sometida mueve su cuello hacia arriba para coincidir su pico con su acicalador que se encuentra encima de ella.

El aleteo se vuelve frenético de ambas partes, pero el pajarito o conquistador no la suelta. Pían de manera salvaje, como si estuvieran sintiendo un placer desenfrenado. Él pica de forma constante la cresta y el pico de la pajarita, mientras ambos suenan de nuevo a un volumen alto.

El macho picotea en la parte alta de la cabeza a la hembra. Parece que la va a matar. Pero en eso la pajarita se quita…pero vuelve a ser alcanzada por el pajarito macho.

Él la sigue embistiendo sin piedad, hasta que ésta queda prácticamente inconsciente. Ya casi al final, él termina su embate quitándole con el pico las pocas plumas que le cubren la coronilla a ella, ya casi le dejo una calva por tanto picarle la choya a la fémina.

De pronto se mueve el macho y sin más vuela a la llave del agua, que se encuentra en el prado y que por casualidad está goteando. Del grifo extrae un par de gotas refrescantes y transparentes, que le mitigan el cansancio por tanto desgaste físico en el inter curso. De manera mediata, se prepara  y sin más emprende el vuelo.

Dos metros atrás se encuentra la pajarita inmóvil, sólo se le ve inflar su pecho y desinflarlo un poco, parece estar exhausta no se mueve de su propio eje, respira de manera intermitente como si estuviera casi agonizante.

Pasan los minutos y no se mueve de su lugar, su cabecita se ve de cura, con una prominente coronilla delineada por el escaso pelaje que le dejó aquel, después del fuerte picotiza que le propino. No entiendo si el macho la agredió o si el pajarillo la preñó.

La hembra no parece recuperarse, de hecho con sus alitas se cubre su cabecita como si quisiera resguardarse del ambiente.

De inmediato, otro pájaro llega y se acerca a ella, pareciera expresarle algo con su piar, como si quisiera ayudarla o asistirla, pero aquella ni siquiera quita sus alas de su cabeza y lo ignora, éste al verse minimizado se voltea y prosigue su vuelo.

La pajarita parece que ahí se quedará como mal herida, de pronto con un robot, extiende sus alas, saca su cabeza y estira sus patitas y devuelve su pico de frente para recuperar su eje original de equilibrio y su porte vertical.

Voltea de izquierda a derecha para observar el ambiente y ver sino hay algún peligro. Percibe el campo libre, comienza a caminar de regreso al prado pero al balancearse  se ve bastante hinchada, como si su vientre estuviera inflado.

Vuela brevemente a una maceta, ahí permanece un minuto, como en un descanso previo a emprender el vuelo. Se nota más tranquila, vuelve su cráneo para observar una vez más el terreno, hasta que por fin…comienza a volar para perderse en una tarde despejada, soleada e intensa que nunca podré olvidar.