Para ir a comer los fines de semana a casa de la “bruja” (la madre tiene más sobrenombres que un narco: Primera Dama, Bruja, Toby, Toti, mamichú, chulita, en fin, es la misma persona y algún día les contaré de donde han salido todos); hay que cumplir con varios requisitos sí se quiere pasar de la puerta.

 

Comencemos con el que sí no llegas a la hora señalada, seguramente encontrarás a los que sí son puntuales sentados en la mesa dándole mate a todas las viandas, “porque en esta casa a nadie se le espera ni para comer ni para ir a Misa (precisamente por eso nadie va); amenaza la madre desde su silla.

 

Así mientras unos ya están en el postre, otros apenas calientan la sopa, porque esa es otra, siempre es self-service y no está mal si tomamos en cuenta las horas laborales de la “bruja”.

 

Bueno, pero de entrada hay que someterse a un cateo: BB´s; iphones, ipods y todo lo que signifique tecnología avanzada queda sobre el primer reten. Los únicos que se salvan son los nietos que podrán conservar sus DS que resultaron mejores nanas que la televisión y les han llevado a tener una agilidad en los pulgares impresionante.

 

En la sobremesa viene el segundo reten: “nadie puede fumar dentro de mi casa”; así que de plano tendrás que salir a la terraza sí quieres contaminar los pulmones, pero lejos de los niños porque esa es otra, pues son los primeros que se te quedan viendo y con una sonrisa en la boca te dicen: “TE VAS A MORIR”.

 

Como, seguramente sucede en casi todos los hogares mexicanos a menos que todos tengan la misma militancia, los temas de política pueden ponerse realmente candentes y originar pleitos descomunales y sangrientos.

 

Por lo tanto y aunque seguramente este será el último domingo y la tercera restricción quedará vetada hasta dentro de seis años: “en mi casa nada de guerra sucia”; lo que significa que tenemos prohibido hablar de política y de religión (de dinero aunque quisiéramos pero no hay mucha tela de donde cortar); por lo que tanto hermanos, como cuñados y hasta el sobrino de nueve años, que nos resultó más inteligente que bonito,  tenemos más que prohibido abordar el tema y la pena por infringir esa norma es que la madre se levante de la mesa y se encierre en su cuarto.

 

Y ¿entonces quién lava los trastos?; bromita estudiantil, siempre existirá una persona designada para ello,  normalmente la que no se hace taruga.

 

Pero regresando al tema, en la casa familiar solo hay de dos sopas: PRI o PAN, pero es más que suficiente para que los ánimos se calienten en defensa del candidato de nuestra predilección, o mejor dicho, el menos peor…

 

Preguntas como ¿ya sabes por quién vas a votar? o  cuestionamientos directos (he de decirles que soy la única que estudio periodismo en la familia) ¿cómo ves las campañas?; son suficientes para voltear a ver la cara de la bruja y ¡qué manera de dominio! ; en definitiva, nos tiene sometidos  desde niños y sigue así; a esa mirada de “primera llamada” que nos dice “estás amonestado” y dos más de esas y la expulsación es inminente.

 

Pero con todo y todo, esas reuniones familiares, son la mejor parte de la semana y aunque quisiéramos fueran más seguido, todos nos encontramos sumergidos en compromisos y otros deberes familiares.