ALEJANDRA MUNGUÍA CAMBRÁN

La violencia contra la mujer va más allá de los puños…Están las groserías, las humillaciones verbales, los insultos, los desprecios, amenazas, burlas, pretender cambiar tu forma de vestir, decirte gorda, flaca, panzona, piernas flacas  y hasta exigirte mantener relaciones sexuales so amenaza de buscarse “otra” o decir que no sirves como mujer…Todas éstas y otras más hacen tanto daño como un golpe…Y pregunto a los hombres ¿se dan cuenta de que lo están haciendo o de verdad no es así?…Lo curioso es que en las más de las veces existe la negación a aceptar que eso está sucediendo y se guarda silencio, pero ¿qué  lleva a permanecer junto a alguien que es celoso y ejerce ese control excesivo?…A pesar de todo se llega a amar inmensamente a una persona así y por desgracia se aprende a vivir con esas cosas hasta que llega el insulto final que hace decir ¡basta! lo amo, pero me amo más…Siempre se está a la espera de que logre comprender que no debe sentirse amenazado por nada ni por nadie; que te acepte como eres; sin embargo,  lo que al principio de una relación puede interpretarse como una muestra de amor y preocupación, la realidad es que no lo es:  contestar en el preciso momento en que te llama el whatsapp para evitar conflictos; querer enterarse siempre con quien se habla y quien manda mensajes; estar al pendiente de sí entras o no a las redes sociales y a la hora que lo haces; pretender que tu vida gire a alrededor de sus deseos y necesidades; tratar de alejarte de tu familia; cuestionar tus decisiones,  etc., son sólo algunas de esas muchas actitudes…Un signo claro de violencia es aquel donde el hombre intenta manipular y presionar a su pareja para que haga lo que él desea y considera correcto, aun cuando vaya en contra de los deseos y principios de la mujer…Es cierto, las parejas pelean, se recriminan y en ocasiones discuten acaloradamente, pero, generalmente terminan en un discúlpame y compromiso de mejorar…La violencia psicológica es distinta porque es cotidiana, persistente, sutil y usa como arma las palabras, las miradas y los gestos…La mayoría de las veces pasa casi imperceptible, pero cada insulto y cada humillación dejan huella emocional porque están destinados a negar la manera de ser del otro, a denigrarlo, a someterlo y a minar su autoestima…Salir de una relación así, es cuestión de supervivencia…