Durante años la atención siempre estuvo puesta en la celebración del Día de las Madres, a ellas dedicábamos las manualidades y los bailables que nos hacían representarles en la escuela.

Estoicamente se aventaban todo el festival solo para observar dos minutos a sus hijos que bailaban melodías que ni siquiera venían al caso.

Conforme el tiempo pasaba, esos festivales se cambiaron por serenatas que al pie de su ventana les cantábamos acompañadas de nuestros amigos, lo cual más bien se convertía en la excusa ideal para andar de pata de perro toda la noche sin que la hicieran cansada.

Después, las cosas cambian, maduramos, o envejecemos, según lo quieran ver y sabemos que todo es poco para agradecerles  lo que hacen día a día por los hijos. Dicen que nadie experimenta en cabeza ajena y es muy cierto.

Fue hasta hace poco, que yo recuerde, que se le comenzó a dar al papá la importancia que tenía su puesto dentro de la casa y el papel tan importante que juega en eso de la creación de la vida.

He de comentarles que don Mata jamás fue afecto a nada de esas cosas, es más, las tachaba de cursis; sin embargo, los años doblegan y creo que eso fue precisamente lo que le sucedió, porque los últimos años llegó a reclamarme el porqué no le felicitaba el Día del Padre.

-Dadito, a ti nunca te han gustado esas cosas ¿o me equivoco?

-Lo menos que pueden hacer  tú y tus hermanos es telefonearme ese día.

Reclamo que me parecía bastante injusto por hacérmelo precisamente a mí, porque hablaba con él todos los días; de hecho trabajaba con él y para él desde hacía años.

Nunca  jamás llegué a entender porque le había entrado el amor por celebrar el Día del Padre, ahora que no está sigo sin entenderlo.

Todo este rollo es para compartir con ustedes, una columna que escribió precisamente el último Día del Padre que pasó en este mundo:

FELICITO AL MATARILI POR SER UN PADRE A TODA MADRE…

Los únicos que pueden y están autorizados para pegar de gritos y reprobar al MATARILI por auto felicitarse ¡SON MIS HIJOS! y tienen derecho a hacerlo, son los que me conocen de toda la vida que llevamos juntos, pese a la sana distancia, pero, no es con ellos lo que se haya presentado. Luego de recibir las felicitaciones que tuvieron a bien manifestar, las cuales recibimos con verdadero cariño; nos metieron en un crisol de reflexiones, principalmente, sobre mi comportamiento como padre, al tiempo que veía a mis cinco hijas y a mi hijo. La mayor de… (¡Ah! que dijeron ya soltó la sopa) y la menor de 34. También ha crecido Mario II, Patricia, Mariana, Lorena y Adriana. Alejandra por ser la mayor, es con la que hay más comunicación. Todas con su propia vida, su comportamiento y por fortuna los seis con carreras profesionales. Tuvieron sus recámaras para dos y sus camas individuales. Aunque recuerdo que el principio no fue de canela y huevo; jamás tuvieron que apurarse por terminar sus carreras para poder vivir. Es más, su servilleta les decía: ¿para qué quieren terminar sus carreras;  para ir a trabajar y quedar en manos de patrones hojaldras que exigen y mandan como si de verdad pagaran?… ¡No trabajen!…Su padre todavía las poderosas y nunca les ha faltado nada, ni les va a faltar. Como han pasado los años, y mis hijas, principalmente, pueden decir, tienen derecho a decir, sí alguna vez fueron regañadas; nunca se les dijo ni tarugas ni estúpidas; tampoco recibieron un manazo o sopapo. Por eso y lo otro ¡TENGO DERECHO A AUTOFELICITARME!… ¡NUNCA SE LES NEGÓ NADA!…UN ABRAZO MATARILI…

Todo es cierto, solamente que se le olvidó que no era inmortal y le extraño…