JOSÉ ÁNGEL GALINDO MONTENEGRO.

Si comentara como inició esta relación de amistad y ahora de trabajo, no me la creerían. Al maestro Matarili lo conocí allá por los años setentas. Iniciaba mis estudios en la máxima casa de estudios la Universidad Nacional Autónoma de México, para ser más exactos en el 73.

Traía ya, a pesar de mi edad, una experiencia de muchos años en radio. Pues producía y conducía mis programas:  en la XEOL y  XEFJ de Teziutlán Puebla. Escribía para un diario y había sido el director del periódico estudiantil “El Bachiller” en la prepa. En casa, aquí en el Distrito Federal no faltaba nunca un periódico: el famoso “Ovaciones”.

El gusanito de seguir en la Comunicación no se cortó, pues comencé a leer los artículos de aquellos tiempos. Me entusiasmaba la idea de escribir algún día en espectáculos y deportes. Y es así como conozco a un personaje importante en mi vida: Don Mario Munguía. Por cierto en un café muy cercano a Gobernación allá en Bucareli.

Conocía su prestigiada columna, pues esa manera tan personal de escribir y detallar la nota eran únicas en  él. De carácter fuerte, pero noble de corazón, me acerqué a pedirle un autógrafo. Y créame usted, ni caso me hizo. Fue hasta una visitas a las “Ovas”, como le volví a ver y esa ocasión cambió el rumbo de  mi vida.

Conocí a toda la plana mayor del periodismo nacional, la crema y nata de los periodistas: Félix Fuentes, Don Mario Munguía, Don Flavio  Zavala  Millet, el siempre recordado Héctor Pérez Verduzco, Carlos Montenegro,que eran la base en el periódico más leído en ese  tiempo.

Así me fui colando y aprendiendo de cada uno de ellos, estuve primero muy cerca del famoso pelochas Pérez Verduzco en espéctaculos. Tiempo después muy cerca del maestro Flavio Zavala Millet en deportes, quién en esos tiempos traía pleito casado con otro grande Don Fernando Marcos. Con Carlos Montenegro, no hubo mucha interacción, era muy especial.

Pero con el que conviví más tiempo era con Don Mario, de un lado para otro. Desde salir de una lujosa residencia en las Lomas de Chapultepec sacando la nota, hasta los barrios o colonias marginadas de este  Distrito Federal. Profesional como lo era, y respetuoso, lo primero que aprendí es ser honesto y leal.

Las primeras ocasiones eran de aprendizaje, pues yo continuaba estudiando todavía. En esos intervalos de tiempo, me aconsejó acerca de como realizar mis programas en  el radio. “Respeta el micrófono y nunca dejes de sonreír al hablar”. Sabios consejos, porque tenía toda la razón. Años después sería Paco Stanley, quién me dijera lo mismo.

Hermético en su vida personal, Don Mario, pocas veces hablaba de su familia, pero ya escuchaba un nombre que hasta la fecha va muy ligado a mi vida profesional: Alejandra. De ella me decía, José,” periodista quiere ser…pero tú estás viendo como están las cosas”…Y ahí quedo la plática. Ni yo me imaginaba, lo que un día me dijo el Maestro,”estarán juntos”.

Y el mundo es muy pequeño,pues a pesar del tiempo, volví a contactar con él, en su programa de Radio. Ahí apareció la figura de su hija Alejandra. La  invitación al programa no se hizo esperar,desgraciadamente por compromisos ya contraídos y después por mi precario estado de salud, no pude ir a su programa.

Tiempo después, me entero de su lamentable deceso. Y aquí comienza la relación de trabajo de dos personas, que hasta la fecha seguimos dando la información tal y como es. Sin presiones y con toda la libertad a la que tenemos derecho. Hicimos algunos programas de TV por Internet, un piloto para un canal de cable. Y desde hace ya un año, en la columna más leída en redes: www.matarili.com

Dónde se encuentre Don Mario, celebrará que a dos personas que estuvieron muy cerca de él, han logrado amalgamar las experiencias vividas a su lado en tiempos y momentos diferentes. Si me hubiesen preguntado años atrás que iba estar compartiendo la columna del maestro con su hija, no lo creería.

Gracias Don Mario…Ale,amiga,compañera le agradezco este año haciendo lo que tanto amamos ¡Periodismo!….Y sí, somos la diferencia en las noticias.