JOSÉ ÁNGEL GALINDO MONTENEGRO

Desde hace años se habla de  grupos de autodefensa en este este  país. La verdad no sé porque se sorprenden, pues desde que me inicié en este noble oficio, ya se escuchaba de la integración de personas que por diferentes causas o motivos mostraban su inconformidad hacia las acciones del gobierno en turno.

Y conste que  dije  grupos, ¡no guerrilleros…! como se  hacen llamar  los que han aparecido principalmente en la sierra de Guerrero. El descontento es ya mayúsculo y esta  gente que antes vivía del campo (a estos  días desaparecido) se ha organizado no sólo para combatir al narco con sus propios recursos en un hecho fuera de todo contexto y por encima  de  la  ley.

Sin  embargo, no sólo es eso;  anteponen una  gran verdad, “no perder  lo poco que tienen” y aquí es dónde el Gobierno les ha fallado, pues  ni trabajo ni seguridad y eso ya caliente  y mucho. Ha estado el Secretario de Gobernación,  Miguel A. Ososrio Chong, al pendiente  de los movimientos que realicen estos grupos. No sólo en Guerrero sino en varias partes de  la República Mexicana.

Y para  nada los justifico, porque desgraciadamente, estos  grupos ya  identificados en diferentes regiones, han sido infiltrados por la  parte mala de este país, la delincuencia organizada. Porque solo ellos saben a quién o quienes protegen, es decir, a quién si y a quién no dejan pasar por su territorio.

Eso independientemente de saber de dónde sale el armamento con el que cuentan. Ciertamente que el estado ha sido rebasado por la delincuencia desde hace tiempo, pero repito, buenas o malas, existen instituciones que son las responsables de mantener el orden y la seguridad; sí lo hacen o no, ese  es  ya  otro problema.

Y este  fenómeno ya  se  presenta en el Distrito Federal,  principalmente en colonias  que son severamente afectadas en asaltos y la preferida el robo a casas habitación. Existen colonias que prácticamente han cerrado calles completas, para evitar así, a esos malandrines, que quitan muchas veces el escaso patrimonio de las familias.

Se alarman por estos grupos y esta vez quizás tengan razón, porque la verdad no se vale hacer justicia por mano propia, aunque las instituciones que deben de darnos  esa  garantía de seguridad no estén dando los resultados esperados.