JOSÉ ÁNGEL GALINDO MONTENEGRO

Lejanos ya aquellos años de los setentas, cuándo un joven alto y con cabello largo muy a  la moda  de aquellos tiempos, dejaba  la  carrera de odontología allá en su natal  Monterrey, Nuevo León, para  convertirse en el ídolo de  varias generaciones que  no sólo cantaron y bailaron sus  temas muy propios para  la  niñez.

Ese joven universitario de pantalón y bata blancos ya  pensaba que sería  feliz al atender en un futuro a  lo que  más le  gusta en esta  vida: divertir a los  pequeños. Sin embargo, el destino le tenía  preparada otra actividad  muy diferente a la que estudiaba. Por supuesto que  me refiero al señor Ricardo González Gutiérrez, el famoso payasito de la tele “Cepillín”.

Tuve  la fortuna de conocerle  en sus  inicios en esta  ciudad y realizar varias entrevistas para  radio en Provincia. El éxito había  llegado, su forma  de ser era excepcional, su maquillaje  original, ya  no se  diga  la  personalidad  que  le dio al personaje, era único, maravilloso, los  niños  no se equivocan y vieron a este  flacucho personaje  como su  ídolo.

No hablaré de  lo que  ustedes ya  conocen, de su tremendo arranque en  TV en canal 2, sus temas  en  radio, créame usted a todas  horas  se  oían en la República  Mexicana y sus presentaciones personales, en las  principales  plazas del territorio nacional, llenos totales.

Comenzaba su despegue  a  la  fama, a  los  buenos  contratos, a la  buena  vida. Pocos conocen que Ricardo fue el primer artista exclusivo de esa  cadena  televisiva. Ni el gran Manuel “Loco” Váldez  con todo el tiempo que  ya tenía  y siendo uno de los  consentidos de  Don Emilio A. Milmo, gozaba de ese  privilegio.

Era  su momento, el Rey, el consentido de  la  niñez latinoamericana. Los que en esos momentos estábamos al pendiente de su carrera, vimos un cambio en su persona. Al paso del tiempo y de  la  fama,  Cepillín perdió el piso, cierto era  ya  una estrella, pero para  llegar hubo mucha  gente  que  le  apoyo y entre  ellos los medios de comunicación, a los que olvido.

En un principio sus conferencias de  prensa eran  de  optimismo, buen humor…al poco tiempo todo cambio. La estrella de los  niños  por  momentos se  volvió inalcanzable. Él dirá que  no, pero un servidor lo vivió en una de sus  tantas  visitas a  provincia, para ser exactos en Teziutlán,Puebla. Recuerdo que  ya reporteaba para una radio difusora de esa bella población. Me acerqué y aún conociéndome aquí en la ciudad  de México, se  negó a darme  la entrevista.

Y no fui solo yo, comenzaron las  fallas en su logística  en partes importantes de la República. Los shows no entraban  a  la  hora; a las  citas  en  radio no acudía; la  prensa escrita era la privilegiada, pues  los que estábamos en espectáculos teníamos nota, no para  un día sino para semanas. Algunas  buenas  otra  malas.

Y era  el principio del fin, la exclusividad terminó y ya  no hubo otra. Era  difícil entender como un ídolo tan bien preparado, original y bien amado, se iba a  pique. Su fama, por  falta de difusión y a  pesar  de tener  su propio circo, cayó al vació.

Vino la época difícil, aquella que  ni yo quiero recordar. Hoy es simple, Ricardo con varios  infartos encima, vuelve a lo que  ha  sido siempre, el ídolo de  los  niños, su música se  vuelve  a  oír;  sus  presentaciones  en los alrededores de la  capital y provincia  un éxito.

Acompañado de sus  hijos, nos  presenta  un espectáculo lleno de  luz  y alegría. Cepillín ha regresado, ese mismo que  un día  conocimos y que  desde al principio de  la  plática  nos cautivo con su talento, humor y sencillez. El mismo que  nos  canta  las  Mañanitas más originales en nuestro  cumpleaños, ese ser  humano que estuvo muy arriba y después en el precipicio.

Lo recordamos con gran cariño, porque  no me dirá que es  un personaje que  no morirá  porque esta  en el corazón de  muchas  generaciones.