JOSÉ ÁNGEL GALINDO MONTENEGRO

En últimas fechas hemos sido testigos de las constantes manifestaciones a favor o en contra que se desarrollan en el mundo. Algunas de ellas terminan, en ocasiones, en terribles desgracias por la falta de  prevención de los que las realizan o de los que  las apoyan.

Mire usted, activista es “aquella persona que participa en un grupo”; esa misma que con sus pancartas, sus cánticos o en ocasiones con sus mentadas, protesta por no estar  de acuerdo con alguna situación, ya sea: política, económica, social, cultural, laboral y deportiva. Se tiene ese derecho desde hace muchos años.

Los activistas han contribuido y mucho a movimientos, en beneficio de la  población. Porque son gente que ha sufrido, muchas ocasiones, los excesos de las personas que están en el poder. Antes eran solo unos cuántos gritos y ya. Ahora las cosas han cambiado, porque se manejan una infinidad de medios que han contribuido para el desarrollo del activismo.

Sin embargo, en últimas fechas han aparecido jóvenes con el rostro tapado y eso, aunado a su ya conocida violencia, han sido la causa de que dejen de considerarlos activistas y los tachemos de  verdaderos vándalos.

Argumentan, que se van filtrando conforme avanza la marcha y escondidos entre los manifestantes comienzan con sus agresiones. Criticadas siempre, porque el verdadero activista, su única arma es su voz y en ocasiones las pancartas.

Quizás no estén de acuerdo, y apoyen esa clase de vandalismo; ese que rompe los esquemas; ese que genera violencia y que lo sufren comercios e instituciones o las mismas calles que destruyen. Esos que agreden a gente inocente, indefensa que es lesionada, la mayoría de las veces con todo lo que tienen a su alcance.

He sido testigo, porque he participado en esas manifestaciones en contra de esos gobiernos corruptos, que los que hacemos esos reclamos, no golpeamos, ni generamos violencia; repito nuestras armas son: los  cánticos, gritos, pancartas y una que otra mentada. Existen diferencias entre el que protesta pacíficamente a los que tienen como bandera la violencia.

Cierto, que algunas agresiones han sido consecuencia de provocaciones de las fuerzas de seguridad. Policías de diferentes corporaciones se han dado vuelo al detener a personas que nada que ver en este  tipo de actos. Y también he sido testigo, de como “detienen” a personas y pocos  metros adelante, los sueltan. ¿La razón? son parte de ellos.

Totalmente de acuerdo que se trate de  poner  en orden a las marchas, pero para que eso suceda, también el  Gobierno en turno debe  controlar a los “esbirros” que infiltra,  porque se ha visto a judiciales dentro de las manifestaciones. Y éstos son los que comienzan a alborotar a la gente y después desaparecen como por arte de magia.

Sí, hay mucha diferencia entre un activista y un vándalo. Unos estamos dentro de lo que marca la Ley;  otros simplemente les viene valiendo madres. Gran diferencia ¿o no…?